Cuentos

¿Y la mamá elefanta?

¡Se ha perdido la mamá elefanta! ¿Ayudamos al elefantito a encontrarla?” Son las palabras que accionan el chip “rastreador de cuentos” de Elea y registra la estantería al completo hasta dar con ¿Dónde está mamá elefante? de Bérengère Delaporte, editado por Edelvives dentro de su Colección Descubre.

Se trata de un libro con solapas y cuenta la historia de un elefantito que ha perdido a su mamá y la busca detrás de matorrales, piedras, árboles, etc. Cuando lo vi en la biblio fantaseé con lo que sucedería al contárselo a la peque y, pasado un tiempo con el cuento en casa, me siento orgullosa de conocerla tan bien, aunque no haya sido un resultado inmediato puedo decir que Elea comprende que es bueno ayudar a los demás cuando lo necesitan. A esta labor también está contribuyendo, hablando de libros, claro, Los besos del lobo feroz de la misma editorial, al que no hemos exprimido suficiente aún y os hablaré de él más adelante.

Tampoco quiero engañaros así que no puedo decir que demuestre urgencia por encontrar a la elefanta, más bien deleite redescubriendo la pareja de mosquitos de la primera página, donde precisamente aparece más compungido el bebé elefante; el ratón perseguido por la serpiente, la mariposa o el mono comeplátanos. Me encantaría saber por qué esa paciencia, ¿aún no asimila por completo la frustración del elefante? ¿influye la tranquilidad que tenemos nosotros a la hora de contarle el cuento? ¿o es que ya sabe que al final se reencuentran madre e hijo? De todos modos, iba a seguir maravillándome que acaricie al elefante mientras imita el llanto de Canelo y que en alguna ocasión le dé besitos.

Dándole ánimos al elefantito y buscando con él a su mamá

Solo hay una página que no le gusta y le hace querer marcharse sin haber encontrado si quiera a la elefanta… todo porque salen el lobo, en plan malo malísimo, y dos cerditos con una pinta de estar viviendo sus últimos momentos… ¡¡que no me extraña que no quiera ni verlos!! Y pensaréis “es que el lobo da mucho miedito”, pues no os digo yo que no, pero en realidad Elea no puede con los cerditos, ni en este ni en los demás cuentos, salvo con Peppa Pig, a la que no debe incluir en la categoría porcina. Es algo que le sucede desde muy pequeña, nunca le gustó que imitásemos a los gorrinines, ni siquiera que los nombrásemos y ya verlos era y es el summum del colapso emocional.

La página fatal fotografiada mientras Elea lee otro cuento

La última página podéis imaginar en qué consiste, me gusta admirar el gesto de alegría tan natural que ilumina el rostro de Elea, hace que la abrace como la mamá elefante a su bebé y me la coma a besos (hay que aprovechar). Lo malo (a mí me parece lo mejor) es que se pierden muy a menudo y, a veces, hasta varias veces seguidas.

Ahora quiero buscar más cuentos que me sirvan para enseñarle emociones y a empatizar con los personajes. ¿Conocéis cuentos que me puedan ayudar?

¿Nos cuentas cómo lo cuentas tú?

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